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book icon Domingo 10 de abril de 2022

Por qué no se ha jodido Rusia

Paula Comandari Paula Comandari

Las severas medidas económicas de Occidente han sido sorteadas por el Kremlin, manteniendo la fortaleza del rublo y sin necesidad de recurrir a reservas de divisas. La pregunta es si el aguante perdurará en el tiempo.

Paula Comandari

Hay bastante consenso en el mundo sobre la capacidad que ha tenido Rusia para resistir las profundas sanciones económicas que le ha impuesto Occidente y seguir bien parado económicamente, aun cuando se pensaba que en pocas semanas sucumbiría tras quedar eliminado del tablero del comercio internacional. 

Pocos días después de invadir Rusia, Estados Unidos y Europa la sacaron de cuajo del sistema Swift para hacer transacciones financieras, se bloqueó la venta de un sinfín de productos, tanto de consumo como industriales. No más Coca Cola, ni McDonald's, ni Netflix, ni IPhone. Y los barcos dejaron de transportar mercancías.  

Pero Rusia ha seguido pataleando. Como comentaba Pedro Coy, columnista de negocios y economía del New York Times, el presidente Joe Biden se equivocó medio a medio cuando, a comienzos de la guerra, celebró la caída de la moneda rusa, jactándose de que el rublo se desplomó “producto de las sanciones sin precedentes”. 

Porque si bien, en un comienzo, la moneda rusa se desplomó, pasados los días se ha mantenido firme. Extraoficialmente, hoy se transa cercana a los 1,2 centavos, una cifra muy parecida a la que se encontraba antes de la invasión a Ucrania. Y, por ahora, todo indica que no necesita urgentemente acceso a reservas de divisa, porque aún tienen dólares, euros y otras monedas extranjeras. ¿Pero durará ese escenario por mucho tiempo?

Los analistas financieros dicen que no. Básicamente, porque lo que hace por estos días el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es traer nuevamente una imagen que muchos quieren olvidar: reimpulsar una economía cerrada al mundo, como la que imperó en la Unión Soviética. La misma que colapsó en 1991. 

Tal como lo explica Sergio Lehmann, economista jefe del BCI, en el panorama global actual no es posible vivir bajo un sistema financiero aislado, donde ni residentes, ni extranjeros pueden enviar sus dineros al exterior; donde se obliga a exportadores a liquidar divisas para convertirlas en rublo, porque al final “drena su propia actividad”. 

Entonces puede navegar, pero no por mucho tiempo. De hecho, las estimaciones preliminares hablan de que la economía rusa podría caer un 10% o más, dependiendo de cuánto se prolongue la crisis en el tiempo, con índices de inflación que ya llegaron al 20%. Ello, en el corto plazo, va a provocar un malestar ciudadano, que podría encajonar al presidente Putin hasta hacerlo ceder.

Porque a nadie le gusta que le quiten sus derechos. Y si las personas se sienten afectadas, se pueden levantar. En ojos de Juan Cristóbal Alcalde, socio de Noosa Capital, “Rusia está pagando un alto precio por su invasión de Ucrania, sin importar lo que parezca indicar el valor del rublo, que además hoy no se transa de manera libre”.

Por ahora, la presión política para Estados Unidos y Europa es ir más allá del bloqueo de las importaciones del carbón y petróleo. Es ir por el gas. Eso, dicen, significaría un impacto radical en los ingresos de Rusia. Pero es una restricción difícil de materializar, considerando el contexto: la real dependencia energética de países en la Unión Europea, como Alemania o Francia. Pese a ello, esta semana hubo señales desde altos representantes políticos sobre la necesidad imperiosa de hacerlo, como castigo a las brutalidades observadas en los últimos días.   

¿Qué hará Putin? Con tanta opacidad de lo que ocurre realmente al interior del país, es difícil proyectarlo, sobre todo cuando en el radar aparece la tesis de que el aislamiento impuesto por los aliados a Rusia, puede incentivar al mandatario a potenciar una idea que, desde hace un tiempo, ha estado dando vueltas en el ambiente: la posibilidad de crear un sistema financiero paralelo, de modo de desbancar al dólar como moneda internacional. Ese esfuerzo podría ir de la mano de China e India. 

Sin embargo, muchos ponen en duda la viabilidad de ese intento, con una Rusia que se insertó en el juego del mercado internacional. Porque si eso se quiebra, el fantasma de un impacto severo en la actividad -menos recursos públicos, escasez, mayores índices de pobreza e incluso probabilidades de un default- está a la vuelta de la esquina.  

Paula Comandari