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book icon Domingo 17 de julio de 2022

Retrasos en el aprendizaje, la otra crisis que agravó el Covid-19

Carmen Gloria López Carmen Gloria López

Nuevos datos publicados este mes sugieren que el cierre de los centros educacionales durante la pandemia, ha provocado un daño en los niveles de aprendizaje mayor al pronosticado en casi todo el mundo. Un hecho que estaría agudizando aún más las desigualdades educacionales históricas.

Carmen Gloria López

Un artículo publicado por el Economist a fines de la semana pasada asegura que antes de la pandemia, en países de bajos y medios ingresos, el 57% de los niños de 10 años no eran capaces de leer. Esa cifra ahora está en un 70%. O sea, sólo tres de cada diez menores pueden leer un cuento en estas regiones del mundo. 

Antes de la pandemia, en países de bajos y medios ingresos, el 57% de los niños de 10 años no eran capaces de leer. Esa cifra ahora está en un 70%

Latinoamérica es de las áreas más golpeadas. Si antes de la llegada del Covid-19, la mitad de los niños de diez años no podía leer una historia simple, ahora se estima que ese número ascendió a 80%. 

En su informe “Cómo el COVID causó una crisis global de aprendizaje” publicado en mayo, la consultora McKinsey dice que, a nivel mundial, el atraso es de ocho meses, pero que el impacto varía mucho entre las distintas naciones. El reporte las divide en tres grandes grupos. En primer lugar, las que poseen un sistema educacional excelente y que ya tenían los más altos resultados antes de la pandemia. Es decir,  algunos países europeos y ciertas regiones de Estados Unidos. Ahí, el atraso educacional sería de unos cuatro meses. 

En el segundo grupo están los países más subdesarrollados, aquellos que antes del Covid-19 mostraban bajísimos resultados educacionales. Por lo tanto, la pérdida en ese grupo es menor y está entre los tres y seis meses de retraso. 

El tercer grupo es el más complejo. Y aquí estamos nosotros. En estos países de ingreso medio y resultados medianos, el atraso es de 9 a 15 meses. Latinoamérica tiene, en promedio, un atraso escolar de 12 meses.

Esto tiene un costo económico importante para el mundo y estas generaciones. Según McKinsey, para 2040 las pérdidas anuales superarán los 1.6 trillones de dólares, lo que equivale al 0.9% del PIB global.  

Esto tiene un costo económico importante para el mundo y estas generaciones. Según McKinsey, para 2040 las pérdidas anuales superarán los 1.6 trillones de dólares, lo que equivale al 0.9% del producto interno bruto global. El cálculo se hace pensando que niños con estas falencias educacionales tendrán vidas menos productivas y sueldos más bajos. 

En varias partes del mundo, los colegios estuvieron cerrados mucho más tiempo de lo necesario. Según la UNESCO, el promedio de clausura de los centros educativos fue de veinte semanas durante los dos primeros años de crisis sanitaria. Los cierres parciales y completos duraron 29 semanas promedio en Europa y 63 semanas en Latinoamérica. 

El artículo del Economist señala a México como uno de los países con cierre escolar más prolongado. Ellos cerraron 50 semanas. Chile sobrepasó ese promedio. Aquí tuvimos los colegios sin abrir sus puertas por 71 semanas. Uno de los cierres más prolongados del mundo. 

Durante dos años, el número de niños y niñas que perdió más de la mitad de sus clases superó los 150 millones. China, Irak y Rusia siguen con restricciones. ¿Qué tienen en común los países que cerraron los colegios por más tiempo? Según el Economist, son los de más bajos ingresos y desde antes ya tenían peores resultados educativos; también son lugares con menor participación laboral femenina y, por lo tanto, tuvieron menos presión social para la reapertura; el hecho de que sus gobiernos sean más poderosos, en contraste a los países más centralizados que abrieron sus colegios con mayor facilidad. Y, finalmente, que son naciones con sindicatos de profesores muy poderosos, como México y ciertos estados en Estados Unidos. Podríamos sumar a Chile y la enorme presión que ejerció el Colegio de Profesores para evitar el retorno a las salas de clases.

Una investigación publicada en mayo por analistas de Harvard, Brookings Institution y el Banco Mundial, analizó 35 estudios sobre pérdida de aprendizaje en los 20 países más ricos del mundo. Descubrieron que el aprendizaje promedio equivalía a un tercio de un año escolar. 

Las cifras del informe de McKinsey sugieren que, el retraso ha afectado más a los niños en matemáticas y con mayor fuerza a los más pequeños que a los mayores. Además, hasta ahora todo indica que la brecha entre niños con vulnerabilidad económica es mayor.

Lo que se conjuga con que uno de los grandes peligros es que los niños que ya se sentían alejados del proceso de aprendizaje no regresen al colegio, o se vayan si no reciben una atención especial. En Chile, la asistencia a jardines infantiles ha bajado y en las escuelas el ausentismo es mucho más alto que antes de la pandemia. Somos seres de hábitos y nos acostumbramos a vivir sin tener que ir a clases, romper la ilusión de que se puede vivir sin educación será una parte importante del desafío que viene.

Uno de los grandes peligros es que los niños que ya se sentían alejados del proceso de aprendizaje no regresen al colegio, o se vayan si no reciben una atención especial. 

Según la UNESCO, tres cuartos de los países ya han simplificado sus currículos para concentrar las horas en lo esencial y tratar de recuperar el tiempo perdido. Las naciones más ricas han reforzado la educación de sus estudiantes con tutorías fuera de las horas de clases. El Economist cuenta que un esquema de tutoría telefónica logró mejorar en un 30% los resultados de estudiantes en Nepal. 

Además de este retraso, la pandemia ha tenido altos costos emocionales y sociales en los distintos países. Los reportes de violencia escolar no sólo se dan en Chile. Se han disparado también los índices de obesidad, embarazo adolescente, ausencia escolar crónica y abandono de los estudios.

Varios profesores chilenos afirman que en este minuto la prioridad es mantener la salud mental de los estudiantes. Ya vendrá el momento de ponerse al día. “Por ahora nos importa que los niños vengan y estén bien”. Esa es la meta de una educadora chilena. 

El extenso informe de McKinsey propone cinco pilares para enfrentar la crisis mundial de educación escolar. Resiliencia: mantener los colegios abiertos, con educación cara a cara y preparados para futuras interrupciones. Reinscripción: reencantar a alumnos y familias con el proceso escolar para que se comprometan con la puesta al día. Recuperación: apoyar a los estudiantes a recuperarse de la pérdida académica y el impacto emocional de la pandemia. Reimaginación: comprometer más recursos y esfuerzos en la educación personalizada de los niños. E innovar para adaptarse a este nuevo desafío: recuperar lo perdido en esta pausa que fue, a todas luces, demasiado larga.

Carmen Gloria López