Click acá para ir directamente al contenido

book icon Domingo 5 de junio de 2022

Robo de cobre, el nuevo crimen organizado

Paula Comandari Paula Comandari

El crecimiento de la compra y venta de este mineral robado mantiene en alerta al mundo empresarial. Aquí, los detalles de cómo opera un negocio que hoy se vuelve más atractivo por los altos precios del cobre y la hoja de ruta que definió el Ministerio del Interior para atajar esta actividad ilícita.

Paula Comandari

Fue a comienzos de mayo cuando inspectores municipales de Renca descubrieron a 15 personas arrancando de cuajo 250 metros de cable de cobre. Los extraían de una cámara instalada bajo la vereda, que luego enrollaban e intentaban encajar en tres camionetas. Un delito recurrente por estos días y que, en esa ocasión, dejó a 600 hogares sin servicio de internet y telefonía fija.

La sustracción de cobre ha existido desde hace décadas en Chile, pero se ha intensificado en los últimos años. ¿Motivo? El aumento de los precios del mineral, que hace más lucrativa esta actividad. Según las compañías afectadas, los delincuentes están cada vez más entrenados para este atentado. Acusan que se visten con los uniformes de sus funcionarios y que, incluso, utilizan vehículos con sus logos para perpetrar el delito.

Todo hace pensar que el robo de cobre ya no es una actividad informal, sino que ha pasado a convertirse en una actividad ilícita organizada que en muchas ocasiones se desarrolla de manera violenta.

Según las compañías afectadas, los delincuentes están cada vez más entrenados para este atentado (...) Todo hace pensar que el robo de cobre ya no es una actividad informal, sino que ha pasado a convertirse en una actividad ilícita organizada.

El robo del mineral se da en distintas esferas. Algunos roban cobre directamente de las mineras; otros asaltan los trenes que transportan el material, como lo que ocurrió el 21 de mayo en la empresa Ferrocarril Antofagasta Bolivia.

Hay quienes roban cable de las líneas férreas, lo que ha obligado a la empresa EFE a concretar cortes mensuales en el tren que viaja de Santiago a Rancagua. De hecho, la compañía ha difundido campañas publicitarias para impulsar a las personas a denunciar un “ilícito que afecta a todos”.

Las empresas distribuidoras de energía viven asaltos a diario, y las de telecomunicaciones afirman que durante los últimos seis meses han presentado más de mil 100 acciones legales por robo de cable de cobre, tres veces más que en el periodo 2020-2021.

Con un efecto colateral: quienes buscan el mineral cortan todo tipo de cables, incluida la fibra óptica que interrumpe servicios de internet, telefónica fija y móvil, y televisión por cable. Según Movistar, durante 2021, cerca de 820 mil hogares fueron dañados. Y si en abril del año pasado fueron 20 mil los clientes de fibra óptica afectados, este año la cantidad aumentó a 200 mil.

Quienes buscan el mineral cortan todo tipo de cables, incluida la fibra óptica que interrumpe servicios de internet, telefónica fija y móvil, y televisión por cable (...) Si en abril del año pasado fueron 20 mil los clientes de fibra óptica afectados, este año la cantidad aumentó a 200 mil.

Esta práctica ilegal ahora afecta cosas tan simples como el funcionamiento de semáforos, cajeros automáticos e incluso la operación de hospitales. “Pacientes que han esperado meses no pueden ser atendidos por fallas del sistema”, dice una autoridad de Salud.

El 14 de marzo pasado, los funcionarios del Ministerio Publico vieron interrumpido su trabajo a nivel nacional debido a un corte masivo de internet. La institución entera se quedó sin servidor y no hubo caso poder ingresar a las carpetas de investigación. Todo por culpa de un corte de la red que comunica a las fiscalías del país con el data center instalado en Quilicura, que los delincuentes concretaron con el mismo fin: encontrar cobre.

“La situación solo se agrava”, dice Alfie Ulloa, presidente ejecutivo de ChileTelcos. Asegura que en el robo de cobre operan dos tipos de delincuentes: los que se encuentran en situación de calle y roban 3 o 4 kilos, para poder comer o conseguir algo de droga. Y los que roban toneladas, que acopian el material, lo venden en chatarreras o exportan directamente a destinos como Rusia, China y Corea del Sur, que son a quienes hay que perseguir para frenar el delito.

Es un mercado que en 2020 movió 130 mil toneladas de chatarra de cobre, es decir, unos 220 millones de dólares. El problema es que no se sabe cuánto de este comercio es ilegal.

Es un mercado que en 2020 movió 130 mil toneladas de chatarra de cobre, es decir, unos 220 millones de dólares. El problema es que no se sabe cuánto de este comercio es ilegal. Según Ulloa, “es evidente que existen mafias en acción, por lo que se requiere una logística para hacer frente a estas bandas criminales organizadas”.

El tema es así: el robo de cobre ocurre a plena luz del día y es ignorado por todos. Las empresas acusan falta de rigurosidad del Ministerio Público para perseguir las causas: la mayor parte de estos delitos quedan impunes, acusan. También critican el trabajo del Servicio de Impuestos Internos y de Aduana. Según las compañías afectadas, su labor es ineficiente, pues no fiscalizan adecuadamente las devoluciones de impuestos ni los embarques. Es lo que reclaman.

Por eso, quizás, ahora es el Ministerio del Interior el que se involucró de lleno en el asunto. Esta semana, el subsecretario Manuel Monsalve y la asesora Ana Lya Uriarte se reunieron con los ejecutivos de las empresas afectadas, para tratar el tema del cobre como un delito de crimen organizado.

El plan es que desde este mes comience a funcionar una mesa donde participen -además de Interior- la Unidad de Análisis Financiero, la Fiscalía Nacional, Impuestos Internos, la Comisión para el Mercado Financiero, Carabineros y las asociaciones gremiales. El objetivo es atacar en serio un delito que, además, esconde otros ilícitos: lavado de dinero, asociación ilícita y receptación, detrás de los cuales un grupo amplio de actores se mantiene en total anonimato.

Paula Comandari