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book icon Domingo 26 de junio de 2022

Se desvanece el sueño de la casa propia

Paula Comandari Paula Comandari

El alza de tasas aplicado por los bancos centrales del mundo ha frenado el desarrollo de la industria inmobiliaria y ha impactado el interés de las personas por acceder a créditos hipotecarios. Las cifras hablan por sí solas: los nuevos préstamos en Chile han caído a la mitad.

Paula Comandari

La inflación que azota al mundo ha obligado a los bancos centrales a tomar cartas en el asunto y materializar una decisión que hoy es casi transversal: encarecer los créditos, incluidos los hipotecarios.

Esto cambió la realidad que vivía Chile antes del estallido social y la pandemia del Covid-19. En aquel entonces, se había hecho costumbre acceder a tasas bajas, cercanas al 2 por ciento, abriendo la puerta a que más chilenos soñaran con la casa propia.

Pero la situación ha cambiado drásticamente y ese anhelo parece cada vez más cuesta arriba: las tasas se han incrementado más del doble y, en promedio, hoy se encuentran cercanas al 5 por ciento. Y podrían subir más, si es que el Banco Central chileno concreta su promesa de nuevas alzas.

Las tasas se han incrementado más del doble y, en promedio, hoy se encuentran cercanas al 5 por ciento. Y podrían subir más, si es que el Banco Central chileno concreta su promesa de nuevas alzas.

Por eso, hoy es común escuchar que no es el momento propicio para involucrarse en grandes compras. Es la tormenta perfecta, porque también hay que sumar las alzas en los precios de la unidad de fomento, que encarecen el valor de los dividendos.

Es un fenómeno global. Compradores y vendedores están en alerta: los costos de endeudarse han crecido de manera significativa en varias partes del mundo, incluido Estados Unidos, Canadá, República Checa y Nueva Zelandia. En estas naciones, de acuerdo al Wall Street Journal, la gente enfrenta una situación límite y ya no puede embarcarse en un compromiso a largo plazo. Simplemente, porque no dan los números.

En Chile, el panorama es delicado para un sector estratégico en el desarrollo del país. Los permisos de construcción residenciales disminuyeron. En el trimestre febrero a abril de este año, se otorgaron autorizaciones para 25 mil viviendas a nivel nacional. Es decir, un 22% menos que en igual período del año anterior.

Esto evidencia el menor dinamismo por el que atraviesa una industria que en los últimos años ha sido pujante. Y no sólo porque hay menos ofertas de viviendas, sino también porque las ventas -incluidas las promesas- han caído un 41% anual en el primer trimestre de este año. Si hasta hace poco en el Gran Santiago las nuevas propiedades disponibles se agotaban en 20 meses, ahora su venta tarda unos 4 años.

Las ventas -incluidas las promesas- han caído un 41% anual en el primer trimestre de este año. Si hasta hace poco en el Gran Santiago las nuevas propiedades disponibles se agotaban en 20 meses, ahora su venta tarda unos 4 años.

Muchos compradores dicen que enfrentan una cruda realidad: tienen interés e intención de comprar, pero en el proceso para adquirir una propiedad ahora se dan cuenta que no les alcanza. “Esto ha obligado a las personas a conformarse con arrendar, lo que en palabras burdas significa botar la plata, porque no se invierte en algo propio”, dicen desde el sector inmobiliario.

Es la razón detrás de la explosión de precios de los arriendos de casas y departamentos, que cada vez están a precios más inasequibles en varias zonas del país, especialmente en la Región Metropolitana.

La contracción en la demanda de créditos para compras es notoria. Según la Comisión para el Mercado Financiero, los nuevos créditos a nivel nacional han caído a la mitad. Han pasado de 1.200 millones de dólares en mayo de 2021, a 600 millones de la divisa norteamericana en mayo pasado.

Según la Comisión para el Mercado Financiero, los nuevos créditos a nivel nacional han caído a la mitad. Han pasado de 1.200 millones de dólares en mayo de 2021, a 600 millones de la divisa norteamericana en mayo pasado.

“Todos los bancos reportan una baja en las solicitudes de préstamos, especialmente en el primer trimestre de 2022. Con tasas altas, se exige un pie mayor o rentas más altas, de modo de asegurar un dividendo que las personas puedan pagar. Eso muchas veces termina por desincentivar la compra, o simplemente paralizarla porque no está la capacidad de pago”, explican desde una institución bancaria.

Es un cambio brusco que golpea a las personas en su propósito de acceder a una vivienda que le garantice estabilidad en el largo plazo. Un problema que se vive a nivel global y que viene a complejizar aún más el escenario económico mundial.

¿La gran amenaza? Que una mayor desaceleración en el sector inmobiliario genere un efecto dominó, incentivando la posibilidad de una recesión internacional y desvaneciendo aún más el sueño de la casa propia.

Paula Comandari