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book icon Domingo 7 de agosto de 2022

Semana de disculpas

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Disculparse y salir a explicar “malas interpretaciones” fueron dos actividades que estuvieron a la orden del día esta semana en el gobierno. Desde la polémica twichera del ministro Jackson, a los golpes en la cabeza de la ministra Siches. Tanta rectificación está desgastando el gesto.

Angélica Bulnes

Algo no está funcionando bien con la comunicación pública del gobierno. Hace dos semanas, las autoridades y reparticiones públicas borraban con el codo lo que tuiteaban con la mano. Estos últimos días, los community managers han sido opacados por las frases en vivo de algunos de los ministros más importantes del gabinete.

En el Congreso, el viernes 30 de julio, la titular de Interior, Izkia Siches, tuvo que retirar el “se pegaron en la cabeza” que les dirigió a los y las diputadas en la sesión para extender el Estado de Excepción en la llamada Macrozona Sur. “Mi frase fue desafortunada porque claramente tuvo una interpretación que no quise darle. Quiero retractarme y pedirles las disculpas”.

El martes pasado, su par de Economía, Nicolás Grau, aseguró en Radio Duna que la inflación “trae costos y beneficios” para las Pymes. En la tarde, ante el ruido que provocó, explicó que tiene claro que esas empresas la han tenido difícil, que fue “una mala frase” y “que se malinterpretó”.

Y, claro, después vinieron las declaraciones del titular de la Segpres, Giorgio Jackson, con las que ofendió a sus socios de coalición, el Socialismo Democrático, apelando a la brecha generacional y las diferencias entre los que vinieron y los que han llegado.


Ante la furia del Partido Socialista, del Partido por la Democracia y más allá, hacia la ex Concertación, desde el presidente Gabriel Boric para abajo salieron a rectificar. El propio ministro Jackson lo hizo no una, ni dos, sino que tres veces: “Expresé mal algunas ideas, al punto que se ha prestado para malinterpretaciones acerca de lo que creo. Por ello, quiero explicar y ofrecer disculpas a quienes, justificadamente, se sintieron ofendidos”, dijo.

En la oposición han festinado con estos errores, que sin ser graves, meten ruido, y hay quienes han desaprovechado la elegante oportunidad de tomar palco, impulsando acciones que aportan poco y nada, como oficiar al ministro de Economía para que muestre sus títulos profesionales (ingeniero comercial de la U. Chile y PhD de la U. de Pensilvania), tal como hizo un grupo de diputados y diputadas de Renovación Nacional.

Sin embargo, hay que decir que estos problemas no han sido impulsados por la derecha, sus partidos o los bots, sino que autoinfligidos, aunque en el gobierno, donde hay sectores que se sienten muy hostilizados por los medios, las redes o quien sea, lo vean distinto.

Lo dejó entrever el mensaje que le mandó la ministra Siches por WhatsApp al comité político ampliado: “Estamos en el ojo del huracán. Buscarán cualquier cosa para hacernos pelear, distorsionar o dañar. Muy atentos a los errores no forzados y a no caer en su juego. Este es un gobierno diverso en edades, experiencias y miradas”, decía el texto, que en una extraordinaria muestra de falta de comprensión lectora -digo por pensar bien - alguien del grupo filtró el dato a La Tercera.

Pero así como en el caso de los tuits y retuits de autoridades públicas, incluidos los del propio presidente, no basta con apretar el botón eliminar para cerrar las controversias que abren. En los últimos días la tecla “pedir disculpas públicas” no está siendo suficiente para desactivar las crisis.

“Pedir perdón ha pasado a ser un meme”, dice Cristián Valdivieso, director de Criteria Research, y agrega que “el presidente Boric hizo de la disculpa un activo, una demostración de que esta nueva generación se equivocaba, que era capaz de rectificar y mostrar disposición a aprender de sus errores. Hizo de la expiación un hito de campaña, una nueva forma de hacer política. Pero eso no rinde cuando pasa una y otra vez”.

Ximena Jara, quien fue jefa de contenidos de la Presidencia durante el gobierno de Michelle Bachelet y hoy es directora de la consultora en comunicación política Factor Crítico, explica que hoy todos los manuales en esta área le dan mucho valor a la disculpa, porque refuerza la confianza y pone en valor la honestidad de una figura pública.

“Pero si bien es valioso pedir perdón ante un error, no tiene nada de valioso equivocarse tanto”, dice Jara, explicando que “la disculpa funciona cuando es algo extraordinario, porque implica que se quiere cuidar una relación. Pero cuando yo hago de la disculpa mi recurso principal, cuando se vuelve reiterativa, estoy dando la señal contraria. Es decir, dejando ver descuido”.

“Pedir perdón se transforma en un comodín con el que neutralizo y relativizo mi propia responsabilidad. Produce desgaste y en este caso específico, visibiliza que el gobierno se equivoca mucho y que hay poca reflexión”, remata.

Se pierde junto a un aspecto clave del perdón que implica no solo arrepentimiento, sino que a la idea de enmienda, de no recaer.

Aunque los problemas que han motivado las disculpas de autoridades en el último tiempo -16 veces desde que asumieron, según el recuento hecho por La Tercera PM-, estas son de distinto tipo, y una sumada a la otra, están produciendo en algunos sectores un enervamiento que se sintió especialmente tras los dichos del ministro Jackson, quien pese a sus reiteradas disculpas no consiguió apagar el fuego (no tan) amigo.

“Un día el ministro Grau debe pedir disculpas por afirmar que las Pymes tienen beneficios por la inflación, al otro el ministro Jackson se disculpa por su auto atribuida superioridad moral… esto le hace pésimo no solo al gobierno, a la confianza política, sino que también al apruebo”, tuiteó el senador Ricardo Lagos Weber, mientras que su par de la DC, Yasna Provoste, recomendó "que no se transforme en un hábito el hacer declaraciones y en un corto rato estar pidiendo disculpas, eso no le hace bien al país".

Según Ximena Jara, precisamente en el momento por el que atraviesa Chile, lleno de incertidumbre, “el error reiterado, al que se suma el cambio de opinión permanente, no ayudan a generar certezas, que es lo que precisamente mucha gente espera de las autoridades y las instituciones”. En estos días quizás hay que pedir un poco menos perdón y un poco más de permiso.

Angélica Bulnes