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book icon Domingo 20 de marzo de 2022

Sólo un “milagro” salva a Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea

Si este invierno no cambia su tendencia y las lluvias siguen escaseando, los habitantes de estas tres comunas deberán acostumbrarse a no contar con agua en sus viviendas uno o días a la semana. Así de claro. Así de complejo.

Paula Comandari

Esta semana, el presidente Gabriel Boric recalcó algo que era un secreto a voces: “No se puede descartar racionamientos de agua potable, dado el nivel de la crisis hídrica que experimenta Chile, en particular en el sector oriente”. Dijo que el tema lo conversó con el exmandatario Sebastián Piñera, quien le habría reconocido que sólo hasta mediados de este año está garantizada el agua para las comunas de Lo Barnechea, Las Condes y Vitacura.

¿Por qué estas tres comunas? Se debe a que las aguas que llegan a las casas de este sector dependen del río Mapocho, cuyo caudal, insisten en Aguas Andinas -la empresa que distribuye en casi la totalidad de la Región Metropolitana-, es lejos el más bajo desde 1820. Se trata de un fenómeno que no variaría en el futuro y es la razón de por qué los expertos consideran que Santiago se está desertificando.

Esto explica que tenemos que esperar una especie de “milagro” para que este invierno no sea seco, tal como ocurrió en 2021: que suban las precipitaciones, la cantidad de nieve y que bajen las temperaturas, algo que se proyecta poco probable, siguiendo la tendencia de los últimos años. “Pasamos el verano al límite”, dicen desde la compañía, en donde aseguran que, si en octubre la situación climática no sufre un cambio, habrá que comenzar a diseñar planes de cortes de agua para las casas de estas comunas.

El aviso no ocurrirá de un día para otro y habrá tiempo, en todo caso, para que las personas internalicen el nuevo panorama, aunque deberán acostumbrarse rápidamente a que, durante uno o dos días a la semana, sus viviendas dejen de contar con agua de manera permanente. Así de claro, así de complejo.

¿Y mientras tanto qué?

Algunos reclaman falta de proactividad de la compañía para crear planes de contingencia. La empresa retruca esa idea y asegura que, si no fuera por las inversiones impulsadas por Aguas Andinas, los cortes podrían haber comenzado hace ya más de 10 años.

El foco de la firma ahora es seguir modernizando sus plantas, para tener más eficiencia y subir los niveles de producción; continuar con la apertura de pozos y estanques; y, sobre todo, sacar adelante un proyecto que replicaron de otros lugares, como California, España y Singapur: depurar las aguas servidas y reutilizarlas en riego, de modo que los regantes agrícolas cedan sus derechos de agua y así esa agua pueda ser destinada para consumo humano, cuestión que podría ocurrir en unos cuatro años.

Es tal el nivel de presión que la firma no descarta, incluso, una solución que hasta ahora habían descartado de plano para Santiago: implementar la desalación para traer agua desde la costa. Es un esfuerzo monumental y probablemente con altos niveles de impacto ambiental y rechazo. Pero hoy por hoy nada se puede descartar de cuajo.

Mientras tanto, cada uno de los chilenos tiene algo que decir –y que aportar- para enfrentar la estrechez. Los alcaldes están cambiando hectáreas de pasto por vegetación de bajo consumo y aplicando multas “simbólicas” para advertir a los ciudadanos. Ahora han concretado sanciones efectivas, que van hasta los 250 mil pesos, cuando encuentran a personas regando jardines durante el día o lavando el auto con manguera.

Además, las campañas para sensibilizar a las personas pasaron de ser cumbias alegres a advertencias mucho más duras, en la cuales enfatizan con seriedad que “cada gota cuenta”. En ese sentido, el llamado a los vecinos, si bien puede parecer obvio, nunca está de más recordarlo: dúchese más corto, lave sus dientes sin dejar el agua corriendo y riegue menos. Esas gotas podrán, en un futuro muy cercano, marcar la diferencia.

Paula Comandari