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book icon Domingo 4 de septiembre de 2022

Soñar despierta, soñar en plural

Camila Miranda Camila Miranda

Durante décadas fuimos un país que pensaba el presente y el futuro a partir de la frustración por las promesas incumplidas. Sabíamos que había una historia de lucha y avances, la recitábamos con esperanza, pero nuestro entorno no parecía estar a la altura de la fuerza de esa crónica. Eso cambió.

Camila Miranda (*)

Hoy esa historia vuelve a respirar con fuerza, porque la energía colectiva nos ha vuelto a mostrar que cuando este país avanza siempre lo hace por la acción creativa de su pueblo. Sentir y movernos juntos, animadas y animados por esa convicción, es lo que nos permite volver a soñar y poner esos sueños al servicio de la construcción conjunta nuestro futuro. 

El Chile que sueño es un país que no existe en ninguna otra parte, porque es uno que nace de las esperanzas que el propio pueblo de Chile ha puesto en las calles en la última década y media. Es uno que solo se puede escribir cuando la enorme diversidad que compone nuestro país de norte a sur, participa del poder y reclama su lugar en la toma de decisiones. Es un Chile que ve aquello que nos hace únicos, no como el sustrato de un orgullo vacío, sino como una fuente de enorme riqueza, que mira con cariño a su tierra y gente, y que convierte la igualdad en el norte de cualquier promesa de desarrollo.

Por eso hoy sueño un país que mira al mundo y no tiene miedo de ofrecer sus propias soluciones como alternativas para construir una humanidad más justa, democrática y ecológica. Un país que no teme hacer realidad el anhelo de la igualdad sustantiva entre todas las personas, y que se atreve a ser pionero en la consagración de nuevos derechos, partiendo por el reconocimiento y retribución de los trabajos que son indispensables para que exista la vida social: el trabajo doméstico y de cuidado. Un país comprometido con hacer posible que todas las personas puedan desarrollar libremente sus proyectos de vida, identidades y deseos, sin perder de vista que eso se construye solidariamente desde la fuerza de la interdependencia.

Imagino un país que asume como propia la tarea de dar respuesta a la profunda crisis climática a la que nos arrojó nuestro propio descuido y destrucción de la naturaleza. Un país que convierta los dolores de tantas chilenas y chilenos asediados por la contaminación, la sequía y el abandono, en la fuerza para fundar una nueva relación entre las personas y su medio ambiente. Un país que haga carne el principio de la justicia ambiental y reconozca la relación indisoluble que existe entre seres humanos y naturaleza.

Me permito soñar todo esto porque soy parte de una generación que se movilizó por cambios y que hoy camina de la mano de una nueva generación, tanto o más sedienta de futuro que la mía. Un grupo que se ha inspirado en la memoria de esos empujes para comenzar a diseñar en tierra firme un nuevo futuro. Sueño despierta porque la esperanza de ese país distinto que imaginaron tantas y tantos es hoy una posibilidad real gracias al camino que el propio pueblo de Chile abrió y que hoy se expresa en cada uno de los artículos de la nueva propuesta de la Constitución. Un país donde la democracia en el país y en la casa, donde el lenguaje de los derechos y la vida en solidaridad dejan de ser anhelos para convertirse en la hoja de ruta con la que construiremos una nueva sociedad.  

(*) Camila Miranda es Presidenta de Fundación NODO XXI
Camila Miranda