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book icon Domingo 25 de septiembre de 2022

Soy Giorgia

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Si las encuestas están en lo correcto, Italia saldrá de sus elecciones de hoy con un gobierno de extrema derecha encabezado por Giorgia Meloni, líder de los Hermanos de Italia, figura que encarna algo nuevo y viejo a la vez.

Angélica Bulnes

Hay dos preguntas que rondan insistentemente en los medios cuando se habla de Giorgia Meloni. Una: quién es. Dos: Cuánto hay que temerle.

Aunque en Italia, y a esta altura en casi todo el mundo, en los días de elecciones puede terminar pasando cualquier cosa, si las encuestas de ese país dan en el clavo, Giorgia Meloni tiene hoy las mejores posibilidades de convertirse en la presidenta del consejo de ministros de Italia. Es decir, la jefa de gobierno de la tercera economía de Europa. La primera mujer en llegar ahí.

Esta periodista romana lleva 30 de sus 45 años involucrada con la política. No deja de ser curioso entonces que su identidad genere tantas dudas. El hecho revela, por una parte, que sólo desde hace poco que ella ha adquirido notoriedad para las grandes masas. La mejor demostración es que hace cuatro años el partido que lidera, los Hermanos de Italia, apenas alcanzaba el umbral de votación necesario para tener representación parlamentaria. Hoy pueden quedarse con la primera mayoría, dejándola a ella en la mejor posición para liderar una coalición de derecha frente a una fragmentada centro izquierda.

Pero también hay algo más que explica la incógnita que se cierne sobre Meloni: su discurso hoy no es el mismo que el de su juventud. Mientras que a los 19 años decía “que Mussolini fue un buen político”, hoy declara que “la derecha italiana ha mandado el fascismo a la historia desde hace décadas”. Mucha gente no sabe a cuál de las dos versiones creerle, sobre todo, porque la Giorgia agresiva y dura que viene del pasado se cuela a veces en el discurso de la Giorgia más moderada del presente.

Pasó en junio en Marbella, el balneario español hasta donde llegó invitada por sus amigos de VOX, el partido de ultraderecha español, a dar un discurso de apoyo: “no hay mediaciones posibles. O se dice sí, o se dice no. Sí a la familia natural, no a los lobbies LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva; [...] sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas; y sí a nuestra civilización, y no a quienes quieren destruirla”, proclamó a gritos cada vez más fuertes la italiana.

          

Luego aseguró que se le había pasado la mano, más por la forma que por el fondo y explicó: “Volví a ver el mitin de Marbella y no me gustó. Cuando estoy cansada, no logro modular un tono apasionado que no se sienta agresivo".

¿Quién es entonces Giorgia Meloni?

"Yo soy Giorgia, soy una mujer, una madre, italiana y cristiana ", dijo en 2019, en un discurso que un par de DJ luego mezclaron con música electrónica y convirtieron en un hit que terminó sonando en todas las pistas de baile italianas. (Les advierto que la canción se les va a quedar pegado en la cabeza).

           

Meloni no es ni Trump ni Bolsonaro. Es otra cosa, algo nuevo y antiguo a la vez. Para entenderla hay que seguir la narrativa de sí misma que ella ha construido, incluso a través de su autobiografía que se llama, cómo no, Yo soy Giorgia. Ahí cuenta la historia de una niña humilde en el barrio obrero de Garbatella, en Roma, criada por mujeres, sin padre porque la abandonó para irse a vivir a Canarias.

Una niña de adolescencia difícil, que sufrió bullying y tuvo que aprender a lidiar con eso, que trabajaba de moza y niñera para colaborar con la economía familiar y que a los 15 encontró a sus hermanos en la sede del Frente de la Juventud del Movimiento Social Italiano, partido heredero del fascismo.

A fines de los ochenta e inicios de los noventa, el movimiento trató de camuflar sus orígenes y convertirse en una fuerza de derecha moderna. Pero en 1995 terminó disolviéndose, para dar paso a distintos partidos, en los que Meloni siguió ligada. Bajo ese alero hizo una carrera que la llevó al congreso en 2006 y a ser ministra de la juventud del gobierno de Silvio Berlusconi a los 31 años.

A fines de 2012 participó de la formación del partido Hermanos de Italia (Fratelli d'Italia) que hoy lidera y que nunca se ha podido despegar del todo de su origen ligado al fascismo. Esta agrupación se ha mantenido en la oposición tras sucesivos gobiernos: esto le permitiría hoy capitalizar el descontento de una población aburrida de ver caer gobiernos y que tiene poca ganas de ir a votar.

Su partido y ella misma son descritos como de ultra derecha o nacionalistas extremos. Ella prefiere otro término: conservador. “Creo que no hay duda de que nuestros valores son conservadores. El tema de la libertad individual, la empresa privada en la economía, la libertad educativa, la centralidad de la familia y su papel en nuestra sociedad, la protección de las fronteras de la inmigración sin control, la defensa de la identidad nacional italiana: estos son los asuntos que nos preocupan”, le dijo recientemente en una entrevista al Washington Post. En la misma explicó que todos los valores que ella sustenta están bajo ataque por parte de una ideología de izquierda globalista, que amenaza y es enemiga de todo lo que le ha dado forma a la identidad italiana, la civilización occidental y los valores cristianos en que está fundada.

Así es como se describe la favorita de estas elecciones en Italia. Otra cosa es cómo se vaya a comportar en el poder, sobre todo porque tiene a dos socios de temer con los que ha formado coalición de cara a las elecciones: Silvio Berlusconi de Forza Italia, y el líder de la Liga, el ultraderechista Matteo Salvini.

Ellos tienen más experiencia gobernando y no comparten varias de las posiciones de Giorgia en temas como la relación con Europa, las sanciones a Rusia en el contexto de la guerra o las medidas económicas. Con ellos tendrá que enfrentar duras negociaciones, empezando por el diseño de un gabinete. Pero antes que eso, tiene que ganar.

Angélica Bulnes