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book icon Domingo 12 de junio de 2022

Una gira internacional de dulce y de agraz

María José Naudon María José Naudon

Canadá y la Cumbre de las Américas representaron una oportunidad, bien jugada, para que Gabriel Boric desplegara su liderazgo, entregando mensajes políticos y económicos en un contexto diferente al que se vive puertas adentro. Queda por resolver cómo se zanja, en Chile, la distancia entre la moderación de su discurso internacional y la desmesura de parte de su entorno.

María José Naudon

Gabriel Boric es un líder atractivo que utiliza con talento la comunicación no verbal. Emocional e intuitivo, sabe que hablar es mucho más que reunir palabras o trasmitir ideas. Sus habilidades, potenciadas por los énfasis simbólicos propios de su administración, terminan de delinear un liderazgo empático y con sentido humano.

“Habito una institución que es más grande que yo, pero no me voy a transformar en lo que no soy”, ha repetido. La frase lo define con precisión. El joven “rebelde” de la política latinoamericana acrecentó en sus seguidores la esperanza de un liderazgo regional. Y si bien es pronto para afirmar que la figura de Boric posicionará a Chile de un modo diferente, pues se necesita muchísimo más para eso, su libreto abordó, positivamente, algunos temas críticos.

Si bien es pronto para afirmar que la figura de Boric posicionará a Chile de un modo diferente, pues se necesita muchísimo más para eso, su libreto abordó, positivamente, algunos temas críticos.

Boric aprovechó la gira para desmarcarse de los gobiernos de corte bolivariano y antidemocráticos, declarando en múltiples oportunidades que el suyo se compromete con el respeto irrestricto a los derechos humanos, sin importar el color político del país en cuestión. La declaración, que pone punto final al mito de que Chile es una nueva Venezuela, opera como una declaración de principios.

Al mismo tiempo, el mandatario criticó la decisión de EE.UU. de marginar a Nicaragua, Cuba y Venezuela por ser gobiernos dictatoriales, argumentando que la exclusión refuerza la postura que cada uno de esos países tiene en sus respectivos lugares. “Preferiría decirle a Ortega, en la cara, que libere a los presos o preguntar a Maduro cómo garantizamos elecciones democráticas en Venezuela y no hablar desde las ausencias”, sostuvo.

Podemos estar de acuerdo o no con el planteamiento, pero es imposible que una cierta desesperanza aprendida no se cierna sobre su noble pero pertinaz vocación de diálogo, que muchas veces se vuelve ineficaz ante la terquedad del interlocutor, sea éste la CAM, Ortega o quien esté de turno. Se coló además, en este punto, un tono vociferante y un aire de suficiencia muy contrario a lo que la experiencia aconsejaría. Y como en política la buena fe no es suficiente, los ripios de la visita terminaron agrandándose por esta causa. El más evidente el incómodo momento vivido con John Kerry.

Se coló además, en este punto, un tono vociferante y un aire de suficiencia muy contrario a lo que la experiencia aconsejaría. Y como en política la buena fe no es suficiente, los ripios de la visita terminaron agrandándose por esta causa. El más evidente el incómodo momento vivido con John Kerry.

Marcando una positiva distancia con la izquierda más radical, Boric puso énfasis en la relevancia de la responsabilidad fiscal, sosteniendo que ésta no es cosa de derechas y, por el contrario, resulta imprescindible para avanzar y proyectar, sostenidamente en el tiempo, los modelos sociales. Demasiados ejemplos hemos visto, recalcó, de economías frustradas por la irresponsabilidad en esta área.

Boric declaró, también, estar dispuesto a tomar lo mejor de las experiencias pasadas. Sin embargo, el discurso de su sector no parece ir en esa ruta y, por el contrario, ha puesto el énfasis en los fallos y responsabilidades de los últimos treinta años enarbolando un espíritu refundador que, consistentemente, ha renegado del camino recorrido.

Algo similar ocurre cuando el primer mandatario reproduce la idea de que Chile es un país atractivo y seguro para invertir, pues la realidad indica que dejamos de ser una excepción en el contexto latinoamericano para transformarnos en uno más. Las razones para preferirnos han tendido a desvanecerse.

Las reglas claras, transparentes y duraderas a las que el presidente hace mención, así como la continuidad de aquellos principios que han inspirado el desarrollo de Chile, no parecen afirmaciones ciertas puertas adentro. Y eso es un problema.

Visto así, la gira de Boric tiene de dulce y de agraz, pero sobre todo abre interrogantes sobre cómo armonizará el gobierno y su presidente las distancias observadas entre el relato y la realidad.

María José Naudon