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book icon Domingo 13 de marzo de 2022

Una pequeña anécdota, una gran enseñanza

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El reciente hallazgo del Endurance, protagonista de la histórica travesía de Ernest Shackleton, revive un hecho significativo ocurrido minutos antes de su hundimiento hace 107 años. Es una anécdota que deja un buen aprendizaje.

Rodrigo Jordán
En el muelle donde la Endurance era cargada con las últimas provisiones para su viaje a Antártica, Frank Hurley y Ernest Shackleton cerraron el trato con un apretón de manos. El primero sería el cineasta y fotógrafo oficial de la Expedición Trans-Antártica Imperial. El segundo –el líder de la expedición– tendría derecho a usar las fotografías en todas las presentaciones y publicaciones que hiciera sobre la misma. Los derechos de la película servirían en parte para pagar las deudas incurridas por la expedición y en parte como beneficio para el propio Hurley.

Dos veteranos antárticos sellaban así una sociedad que los haría reconocidos en la historia y en el mundo entero.

Frank Hurley –nacido en Sidney, Australia– era autodidacta en relación al cine y la fotografía, pero ya tenía una gran experiencia polar al haberse desempañado como fotógrafo oficial de la expedición de Douglas Mawson a Antártica entre 1911 y 1914.

Sir Ernest Shackleton iniciaba su tercer viaje a Antártica para intentar lo imposible: la travesía total del continente.

La historia es ampliamente conocida. La Endurance sucumbió a la presión de los hielos que la atraparon en el Mar de Weddell. Los hombres se vieron obligados a abandonarla y permanecer sobre el hielo esperando que su deriva los llevara hasta tierra firme.

La expedición cambió de objetivo. Ahora se trataba de salir con vida desde el lugar más aislado e inhóspito de la Tierra.

Tras meses de sobrevivir en el hielo y luego de una semana adicional en los botes salvavidas, alcanzaron la Isla Elefante. Desde allí Shackleton y cinco compañeros abordo de un bote –el James Caird– navegaron 1.300 kilómetros por los mares más tormentoso del planeta hasta las islas Georgias del Sur.

Finalmente, con la ayuda de la Armada Chilena, que facilitó la escampavía Yelcho, y comandada por el Piloto Luis Pardo Villalón rescataron con vida al total de los hombres.

Una de las cosas más espectaculares es la significativa cantidad de imágenes de la expedición. Algunas bellísimas. Otras únicas para la época. Y otras espectaculares de la propia Endurance atrapada en el hielo en la noche Antártica.

Pero cómo y por qué existen estas maravillosas fotografías de la expedición.

Cuando la Endurance estaba por hundirse, Shackleton ordenó a sus hombres sacar sólo lo estrictamente necesario. Todo aquello considerado como no absolutamente esencial se hundiría con el barco.

En una primera instancia las placas fotográficas de vidrio –más de quinientas al decir de Hurley– se perderían para siempre.

Hurley le dice a Shackleton que es importante rescatarlas, a lo cual este responde que no son esenciales y por lo tanto se quedan.

Hurley retruca que si llegan a salir vivos no habrá registro de la hazaña y que nunca se podrá contar lo que verdaderamente sucedió.

Shackleton lo piensa un rato y decide darle la posibilidad de llevar solo alrededor de 100 placas.

Shackleton y Hurley se sientan sobre un par de cajones en el hielo y revisan las placas una a una. Juntos deciden cuales guardar. Las descartadas –más de 400– las quiebran como vidrios que son. No fuera que se arrepintieran más tarde.

Ya entonces Shackleton se daba cuenta de la importancia de la cobertura mediática de los eventos importantes. Reconocía la importancia irremplazable de los medios audiovisuales.

Hurley, justo al momento que el Endurance comenzaba a hundirse, recuerda que todavía hay mas placas que ya están bajo el agua gélida.


Escribe: “Busqué en las paredes del refrigerador y rescaté las placas que estaban sumergidas bajo un poco más de un metro de hielo. Me desnudé hasta la cintura y debí bucear para recuperarlas.”

Finalmente salvaron 120 placas.

De forma casi inexplicable las placas sobrevivieron el viaje de meses por sobre el hielo, la navegación de más de una semana en botes y luego cuatro meses más en la isla Elefante. Al final todas llegaron intactas a Punta Arenas.

Hoy están para el disfrute de todos.

Con el hallazgo reciente del Endurance a tres mil metros de profundidad, algunos se preguntan la posibilidad de resolver un último misterio. ¿Estarán todavía abordo unas 30 placas sobre las cuales nunca se supo su paradero?