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book icon Domingo 10 de julio de 2022

Woke, el término con el que la prensa extranjera ha descrito la propuesta constitucional

Angélica Bulnes Angélica Bulnes

Dos medios extranjeros dijeron esta semana que la convención elaboró una propuesta de constitución “woke”, un término que está en medio de debates sobre la izquierda y se asocia a temas como la lucha contra la discriminación, la cultura de la cancelación y la política de las identidades.

Angélica Bulnes

“No podemos volver atrás, el mundo nos está mirando y desde lejos observan este proceso con asombro y esperanza”, dijo el vicepresidente de la Convención Constitucional, Gaspar Domínguez, en la sesión final del órgano en la que se entregó la propuesta final de nueva Carta Magna.

Es cierto que desde distintos países han seguido el proceso. Con asombro quizás, pero no con mucha esperanza, como en el caso de la revista The Economist, que esta semana publicó una editorial sobre el resultado del trabajo de los 154 convencionales: “Los votantes deberían rechazar la propuesta de constitución”, dice el titular. 

Según el medio británico, el texto que será plebiscitado es largo, confuso, fiscalmente irresponsable y, además, woke. El mismo término, que un día antes usó el diario The Washington Post para describir la propuesta: “Chile escribe una constitución woke. ¿Están los chilenos preparados para ella?”. 

¿Qué es lo que significa exactamente esa palabra? Aunque en su traducción literal se refiere a la acción de despertar, ha adquirido una connotación similar a la que se le da en castellano al término “progre”; es decir, se usa para designar a una persona, generalmente pequeña burguesa, con un cierto ideario de izquierda que se rebela contra las injusticias y desigualdades de la sociedad. 

Aunque en su traducción literal se refiere a la acción de despertar, ha adquirido una connotación similar a la que se le da en castellano al término “progre”.

Pero la historia es más larga y con matices. La palabra existe desde hace décadas y era parte de la jerga que utilizaba la población negra en Estados Unidos. “La expresión original completa era stay woke, que es la versión en idiolecto afroamericano de stay awake o mantente despierto”, explica el escritor, traductor y profesor de literatura en Haverford College de Pensilvania, Roberto Castillo.  

En 1962 el novelista William Melvin Kelley, en un artículo en el New York Times en el que revisa el vocabulario de los jóvenes negros, apunta que woke es sinónimo de “estar informado, estar al día”.  El activismo afroamericano la usaba en referencia al racismo, designaba a la gente que realmente veía la discriminación. 

En 2014, cuando el movimiento Black Lives Matter se volvió global, en una suerte de gesto de empatía con la causa, la población general, la más millenial, la adoptó y en las redes sociales se popularizó el hashtag #staywoke. A partir de ahí el concepto fue mutando, convirtiéndose en algo mucho más abarcador bajo el cual caen los progresistas de las nuevas generaciones preocupados ya no solo por el racismo, sino que las políticas de género e identitarias.

El concepto fue mutando, convirtiéndose en algo mucho más abarcador bajo el cual caen los progresistas de las nuevas generaciones preocupados ya no solo por el racismo, sino que las políticas de género e identitarias. 

El woke es, entonces, una versión actualizada al siglo XXI del progre -un progre interseccional si se quiere- y al igual que ese término, en el camino empezó a ser utilizado cada vez más para ridiculizar ciertas actitudes de izquierda. 

Una versión actualizada al siglo XXI del progre -un progre interseccional si se quiere- y al igual que ese término, en el camino empezó a ser utilizado cada vez más para ridiculizar ciertas actitudes de izquierda. 

“Hasta antes de 2017, por ahí, tal vez un poquito antes, woke era una cosa buena”, explica Castillo, pero agrega que, tal como antes ocurrió con el término “políticamente correcto”, la derecha, o cierta derecha, “empezó a utilizarlo para designar de manera fácil y caricaturesca a todas las personas que expresaban preocupación por asuntos relacionados con la justicia social (feminismo, racismo, igualdad de género, derechos de las disidencias sexuales, etc). La caricatura asocia estas preocupaciones con una conducta personal autoritaria, rápida para enjuiciar o cancelar, y dogmática, incapaz de ver los matices”, explica el académico de Haverford College. 

Hoy el término aparece muy ligado a controversias: “El wokismo es la principal amenaza de los demócratas en 2022”, dicen unos. El gobernador republicano de Florida inició una guerra contra Disney, empresa a la que acusa de impulsar una agenda woke a través de sus películas y parques de diversiones. El presidente francés, Emmanuel Macron, culpó a la mentalidad woke de la “racialización” de la sociedad y criticó que los debates queden reducidos a la identidad y particularidad de cada uno. 

Aquí en Chile, el antropólogo e investigador del IES, Pablo Ortúzar, acuñó el año pasado la palabra woketubrismo: “un sector de las clases medias y acomodadas que cultiva una estética y ética paranoica y supremacista según la cual la dictadura de Pinochet nunca terminó y ellos serían freedom fighters del más alto estándar moral. Es el grupo que mira para abajo la transición, desprecia la libertad de expresión, defiende las funas y cree que escuchar cosas con las que no están de acuerdo es un tipo de violencia (respecto a la cual no tienen problema en responder con violencia física). Los hijos ultrones del mall, exponentes de la famosa cultura de la cancelación”. 

Desde Edimburgo, donde avanza en su tesis de doctorado, Ortúzar explica que el woke se para desde la superioridad moral. “Es el que siente que despertó, el que ve lo que los otros, que están dormidos, no ven: la injusticia, la desigualdad en todas sus formas. Tiene un elemento religioso como de epifanía y, claro, tiene que despertar a los demás. Por eso, vive en un activismo permanente que se desplaza a cada una de las actividades de la vida, lo que come, cómo se moviliza, si tiene un perro de raza o lo recogió en la calle, todo es una causa, todo ha sido ideologizado, todo es un territorio en disputa”, enfatiza.

En ese sentido, The Economist utiliza el término para describir la constitución efectivamente en un tono despectivo, pero que a la vez, considera él, captura bien el corporativismo identitario que primó en la convención. 

En el caso del Washington Post, John Bartlett, uno de los autores de la nota publicada ahí, explica que si bien la palabra tiene una cierta carga negativa, está usada más bien en su sentido original, de una propuesta constitucional más progresista o consciente, más actual

Desde Filadelfia, Roberto Castillo agrega que el "woke" despectivo no se aplica a un movimiento realmente salido de organización y participación popular. “Lo que hacen los medios al utilizarlo es revelar su poco conocimiento del proceso chileno, que si bien se parece a lo que ellos designan como woke, es en realidad un animal distinto que se mueve en aguas históricas y políticas mucho más profundas”.  

En todo caso, quizás haya que acostumbrarse a ver el término porque, me advierte una corresponsal extranjera que acaba de terminar de leer la propuesta constitucional, “creo que más medios van a usarlo para describir esta propuesta de constitución”.  
  

Angélica Bulnes